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Posts Tagged ‘Poesia’

Un triunfo de mi gran amigo y poeta quien me diera el placer de leer su obra…

Fuente: La compañía de versos

EL POETA ROLANDO MERAYO SE ALZA GANADOR DEL II CERTAMEN INTERNACIONAL DE POESÍA DE CVA EDICIONES CON LA OBRA INÉDITA RAZONES DE LO IMPOSIBLE

El poeta costarricense Rolando Merayo es el ganador del II Certamen Internacional de Poesía La Compañía de Versos con su obra Razones de lo imposible, una obra poética rica en imágenes y con un exquisito reflejo del turbado existencialismo francés. Rolando, quizás, tenga la extraordinaria oportunidad de convertirse en la imagen de un nuevo Jim Morrison de habla hispana (salvando, por supuesto, la distancia con respecto a la controvertida vida del poeta original).

Recorrí varias veces la parte I de Razones de lo Imposible, marcando, circulando, subrayando y sellando con diversos símbolos.

Desde el titulo, anticipas contradicción en los claroscuros que se afirman y se niegan oponiéndose y destruyéndose simultáneamente. Como un enunciado teórico que esgrime al lector la utopía del ser Y no ser en una misma mirada.

Paradójicamente, la parte I no fluye en contradicciones, pero inicia de forma muy adecuada con los primeros versos, de un universo de poemas, que cierran con un “Seré ese silencio” cuya musicalidad susurra el secreto y la complicidad iniciada por las citas de Camus y Borges que describen al poeta detrás del poema.

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El niño yuntero

Miguel Hernández: Poeta Español (1910-1942)


Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
resuelve mi alma de encina.

Le veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
u declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

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©2010 por Héctor Rincón González: Zanuit

“…Estoy adentro y estoy enamorado
y estoy viejo
Descifro mi dolor con la poesía
y el resultado es especialmente doloroso
voces que anuncian: ahí vienen tus angustias
Voces quebrada: ya pasaron tus días
La poesía es la única compañera
acostúmbrate a sus cuchillos
que es la única.”

Raúl Gómez Jattin

Imberbe…
¡Mancebo divino!
Muchacho vano, lejano, frágil
¡Bocanada del afán!

Filo de luz en mi noche rancia.
Celaje de un desvarío mutilado que
sucumbe en las rondas de fragores paralelos.

Dime muchacho… ¿me distingues?

Piel abrasada dilatando el aturdimiento.
Temeroso aliento escurriéndose en tu comienzo
requebrando la desidia, pudriendo la flor callada.

Dime muchacho… ¿me intuyes?

Ofrezco hebras grises para atar vacíos,
vocablos trenzados para arrullar tu impaciencia,
pechos chorreados para tender desvelos,
un ayer asaltando deslices temblorosos
y mil vuelos que se descargan en el roce
de una caricia, de un olor, de un beso
que vapulean la firmeza endeble,
la minucia del segundo de un amante.

Dime muchacho… ¿por qué?

`
Ni hebras, ni vocablos, ni pechos
Ni ayeres, ni mil vuelos, ni caricias.

Tan solo la minucia del segundo en tu piel.

Magdalena Wanli

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Fuente: Raúl Gómez Jattin: “…nació en Cartagena de Indias (Colombia) el 31 de mayo de 1945, y pasó su infancia en Cereté, ciudad que alude en sus poemas y libros. Falleció en Cartagena la madrugada del 23 de mayo de 1997. Era descendiente de libaneses.

Su obra literaria empezó a ser conocida y celebrada dentro y fuera de su país, después de 1980. Sus recitales en la Casa Silva, en el Festival Internacional de la Poesía, en Medellín, y en el evento La Poesía tiene la palabra atrajeron y estremecieron al público.

Era considerado por la crítica literaria, como uno de los mejores poetas de Colombia, cuya obra aparece en las más destacadas antologías poéticas.

Pasó algunos años en Bogotá dedicado con pasión desbordada al arte teatral, como actor y director y, en sus ratos libres, escribía poesía. No duró mucho tiempo ese idilio con la vida y con el teatro, porque surgieron conflictos con sus compañeros de grupo y así volvió a Cereté la tierra de su infancia y sus ancestros a renovar su corazón de mango, a las aguas dulces de los ríos, a gozar de las tardes de sombra bajo los árboles de mamón, a renovar sus nostalgias cuando jugaba con Isabel a las muñecas de trapo “que eran nuestros hijos… que te vas a acordar Isabel, ahora tienes cinco hijos con el alcalde…” – y la vio con anteojos guiada con un chofer endomingado y lo saluda con frías palabras sin saber que el seguía jugando y soñando con las muñecas de trapo. Allá se meció en la mecedora de bejuco y se abanicó con la hechura de la paja campesina. Esa calma, ese sosiego, ese olor a mango y a ciruela, esas plumas de pavo real que colaban lentas, no le quitaron la angustia de su alma, el dolor profundo por los otros que practicaban el desamor y la falta de solidaridad. Todo ello galopaba lentamente en su corazón de irreversibles afectos y confundidos sentimientos para ir conociendo la dulzura del odio y de la muerte…”

Gracias mi Elsa Marinovich

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Poetas de aquí y ahora

Articulo traído por mi hermano Antonio Jiménez Paz  y publicado en el País

Prefieren la ciudad, pero de vez en cuando escapan al campo a por las musas. De izquierda a derecha y de arriba a abajo aparecen Martín López-Vega, Javier Rodríguez Marcos, Ana Gorría, Luis Muñoz, Antonio Lucas, Elena Medel, Lorenzo Plana y Carlos Pardo.- JUAN ALDABALDETRECU

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“…La poesía tiene su tiempo. El de la crisis es creativo. Una brillante generación de jóvenes poetas ha tomado el relevo de la palabra. Son curiosos, ambiciosos y eclécticos. Esta es la gran primera hornada del siglo XXI en España.

Entre las musas, el aire, las preguntas y los laberintos del lenguaje van encontrando sitio. Los poetas de ahora en España, los más jóvenes prestidigitadores de la palabra son eclécticos, vivos, atentos y comunicativos. Han logrado una brecha generacional y tienen muchas cosas que contarnos sobre este mundo en crisis. Aunque no precisamente creativa…”

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“Sí, tu niñez ya fábula de fuentes”

Jorge Guillén

CERO…

Me lancé de bruces intentando agrietarme.

Oscuridad ahogada en bostezos de luz,

arqueando vacíos biliosos de olvido,

arrullando recuerdos insomnes,

sofocados en la futilidad de fragmentos nimios.

Un columpio sin niño chasqueaba.

El hombre sembrado de tierra y hierba,

concretaba cada grieta, cada acorde, cada rostro

desmembrado por la minucia de la ofuscación,

apenas pudo escuchar la señal final.

La infancia es un río de memoria, un desajuste,

la sombra proyectada al futuro de carne en que me muevo,

el goce que me viene repentino,

súbita mirada desplazada por el tedio,

noche o sequía que abraza mi ternura.

Algunas algas crecen por encima de los lagos,

barbas se vuelven de tanto acariciarse,

con la inmediatez copulan como ninfas,

silban su grato entumecimiento de menhires

arrojando su prisa sideral al calendario.

DOS…

Dos muertos pactaron sus muertes de hombres,

dos ramas ascendiendo sin raíces sobre una misma piedra.

Dos plumas hieráticas fueron cercenadas desangrando infaustos destinos,

preludiando el limbo o el espanto de alentar la tinta en llama.

Dos letras secas no volvieron a desnudarse en otras corrientes,

fueron su propio cauce en tierra masacrada.

Dejaron de soñar buscando alboradas niñas.

Dos pechos abiertos a la greda o al rumor de la sombra.

RE(NACER)

El columpiar enmudeció invocando al pacto del absurdo,

mis corpúsculos se dispersaron en los vientos del Sur,

renunciando al amor, al interés y al goce,

construyendo la brújula del dolor.

Las letras desnudas buscan el desenfreno infantil de otrora.

Mi lengua se divide deslizándose en embocaduras del placer infinito,

muere el niño bajo el eclipse final de los hombres,

despierta la niña sorbiendo una espita de hormigas enmeladas.

Las horas degüellan su antigua idiosincrasia,

se guardan el espejo en sus cuartos celestes,

espejo o muro o arroyo trastocado,

como un gesto difuso trazado desde lejos.

La misma infancia ahora se encabrita,

se viste de juegos cuando pisa el asfalto,

celosa de la estampa de dioses estatuarios

se ríe y nos coloca un niño en la mirada.

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Trilce Poema III

Trilce (Poema III)

Las personas mayores
¿a qué hora volverán?
Da las seis el ciego Santiago,
y ya está muy oscuro.

Madre dijo que no demoraría.

Aguedita, Nativa, Miguel,
cuidado con ir por ahí, por donde
acaban de pasar gangueando sus memorias
dobladoras penas,
hacia el silencioso corral, y por donde
las gallinas que se están acostando todavía,
se han espantado tanto.
Mejor estemos aquí no más.
Madre dijo que no demoraría.

Ya no tengamos pena. Vamos viendo
los barcos ¡el mío es más bonito de todos!
con los cuales jugamos todo el santo día,
sin pelearnos, como debe de ser:
han quedado en el pozo de agua, listos,
fletados de dulces para mañana.

Aguardemos así, obedientes y sin más
remedio, la vuelta, el desagravio
de los mayores siempre delanteros
dejándonos en casa a los pequeños,
como si también nosotros
no pudiésemos partir.

Aguedita, Nativa, Miguel?
Llamo, busco al tanteo en la oscuridad.
No me vayan a haber dejado solo,
y el único recluso sea yo.

De: Trilce

CÉSAR VALLEJO

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