
A mi amigo y hermano David Díaz por abrir este umbral…
La escena final moría en su mente para prorrumpir en el acto. Su cuerpo arqueaba morbo mientras el corazón rompía costillas coronadas por duraznos espigados ante una espera…
Las sabanas lúcidas conspiraban la locura del sexo, la sed de un escupir viscoso; su envejecer entre frunces de cuerpos enfermos en reyerta final.
La procesión de los con[vida]dos penetró. Las caricias se tornaron en hiedra desollando la piel; las sonrisas en muecas de marfil inmutable.
El trance canjeó su vida por la muerte. Inconcebible para tantos, visible solo para los moradores del lado oscuro de la soledad.
Las corrientes contaminaron la sangre truncando su mañana en un soplo. Las invasiones engañaron el amor con el ardor y la libertad con un ocaso aun más solo.
En los pliegues de aquellas sabanas solo él sabrá porque esa noche canjeó su vida por la muerte…
“…Adiós soledad, hola felicidad mortal…”





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