Abrí el portón hacia el jardín de mamá, allí donde descansan Sara, Lena y Daphne bajo una estera de flores del viejo roble y una muralla de bugambilia. Una extraña brisa desgarró mi rostro abriendo punzantes cicatrices que creí perdidas…
Casi dos semanas de ausencia. Un tiempo eterno sin ceñirme a su mundo, sin aspirar su sutil aroma, sin saborear con la yema de mis dedos su tersa piel, sin sentir trazos húmedos que acarician todo mi cuerpo atrapando mi sexo, sin galopar desnudos, sin cabestros ni estribos, por parajes perfumados por un mismo y único olor.
¡Qué eterna es la ausencia que ahoga tu ser! Solo su voz trae consigo tonadas dulces y otras amargas tapizadas por la distancia. Advertía su presencia en cada rincón. Más aun cuando el viejo y corroído sonajero del Sol y la Luna, pendido del techo, emitía sorpresivamente una fantástica tonada en su danza fortuita con el viento.
Recuerdo como ahora los relatos de su niñez; abuela Cándida y abuelo Carmelo. El juego de las escondidas tras la vieja mecedora que un día decidió pisarlo ante su insiste y atrevida cercanía. Y qué decir de su vuelo imaginario: eso si cautivó mi ser pues… ¿quién no ha soñado con volar donde por breves instantes dominas el universo experimentando una sensación indecible? Me cuenta que voló desde el balcón de madera hacia el árbol y luego regresó, lentamente, a su punto de partida. Como en la película Mar Adentro.
De momento llegó aquel bálsamo…exquisito olor a mango pasote cuya jugosa madurez encendía mis sentidos. Era entonces cuando me aventuraba con mis carnosos labios en su geografía corporal: sus cordilleras, valles, oscuras profundidades, empinadas y chorreadas cumbres junto al azucarado sabor de su blanco torrente que su fundía, inexorablemente, con la topografía de mi otro yo. Misteriosamente las fronteras se ampliaban gestando nuevos continentes únicos de nosotros tres.
Nada es por casualidad. Es el destino quien dictamina el tiempo, el escenario, los guiones y los actores con quienes habremos de interpretar la bizarra obra de nuestras cortas y solitarias vidas.
Hoy quiero proponer un pacto. Uno muy particular que no coarte nuestra libertad individual ni será sellado por sangre, juramento o acuerdo alguno. Un pacto que solo lo mantendrá un amor libre y desinteresado que perdurará mientras nuestras almas transiten por umbrales paralelos.
Vivamos el presente como si no hubiera un mañana. Rompamos los encadenamientos sociales, sus arquetipos castradores que laceran nuestra piel y seamos una familia guarecida en un cálido hogar.
Desnuda tu alma, rasga con puñales de cristal azul tu coraza y deja aflorar tu verdadero ser. No temas a las supuestas debilidades, quizás te sorprendan. Desviste tus más profundos anhelos y fundamos nuestros alientos. Emprendamos una aventura, pero esta vez sin equipaje alguno, sin secretos, ni recelos y con la desnudez más pura y blanca. Devela tus sentimientos y espárcelos cual pétalos en nuestro jardín. Solo entonces comprenderás lo hermoso y doloroso del verdadero amor.




