Transeúnte y puta…
_ Hola…
_ ¡Qué pasa!… ¿quieres?
_ No…
_ Y entonces ¿qué carajo buscas?
_ Hablar. Está enferma, ¿verdad?…
_ ¿Enferma? para nada…contagiada como todos, solo que mis llagas caminan por fuera. Y las tuyas… ¿donde están?
_ ¿Tiene miedo?
_ ¿A qué?
_ A morir.
_ Y tu… ¿Estás vivo?
De puta a dama…
_ ¡Esta maldita sed! Cómprame par de cervezas. Esos cabrones ya no me dejan entrar. Tráelas y te cuento. Matas mi sed y yo tu curiosidad. ¿Eres estudiante… trabajador social?
_ No. Ya vengo.
_ ¡Qué más da! Tú estúpida mirada solo ve escombros. Fui flor de un jardín escogido…blanco lirio cala: ruina y fortuna. No surgí de la escoria para justificar lo que atisbas con recelo. Me preparé muy bien para ser lo que fui. Nací con la marca del sexo tatuada en mi piel. Aprendí que aprender rápido es lo más importante. Juventud y belleza: armas de papel que como mariposas nacen y mueren en un atardecer. Pero el día en que dejen de aletear, la humanidad habrá muerto.
_ Su forma de hablar…
_ Lo sé. Una puta hablando así confunde y más si es viciosa. Mis pocas neuronas hoy están lucidas. Todo lo que no se entiende inquieta y se ataca. No quería ser una mas y no lo fui. Retocé con todos los machos y hembras que quise. Una buena amante no discrimina, corrí todas las bases que la juventud me permitió. Aguantaba y liberaba para desarrollar mis otras dos bocas. Famosas en San Juan y fuera por su mordida húmeda, fuerte y constante. No fui un relámpago pasional con destellos de hastío. Fui un todo: sexo, buena compañía, modales, discreción y el ser sin ser o parecer. ¿Me entiendes? Enseñé un arte de fornicar mutuo donde palpitan, en lugares recónditos, placeres insospechados. La fama tiene un precio y un costo también…claro que sí. ¡Qué mejor que cobrar por algo que se disfruta enseñando y nos libera de este mundo de mierda!…Espérate que se calienta la cervecita.
“…ven a batir mis arboles, a tumbar mis frutos de pasadas esperanzas con tus ráfagas. Revuelve los mares y sus ingredientes. Juguemos con hacer intentos de vida, el fuego dentro de tus ciclos y sellemos los tiempos. Ven y golpea las puertas, arráncame este tedio, deforéstame, y déjame lunas por soledades…”. J.X. Villavicencio, 2008.
La Fiesta en Condado
_ ¡Qué rica! Salud.
_ Gracias… ¿puedes continuar?
_ Ya me tuteas. Tu recelo se torna en avidez. Pues déjame alimentarte. En una casona de Condado, muy conocida por cierto, fui reina por una noche: mi noche. Óyelo bien porque nunca más lo contaré. Pronto no sabré ni quién soy y en uno de esos viajes me quedo.
_Sigue…no pares.




